jueves, 31 de diciembre de 2009

ESPERANZADO AÑO NUEVO!!!


Como a principios del siglo XX, seguimos creyendo en la luz al final del túnel. Aunque esa luz ha sido un espejismo desvanecido entre sombras y engaños. Y también un horizonte que, como canta Serrat: "Y cuanto más voy pa` allá / más lejos queda, / cuanto más deprisa voy / más lejos se va". La luz es para los privilegiados de siempre. No porque la hayan alcanzado; son los dueños del faro. Al resto, las penumbras nos igualan. Quién sabe. Tal vez la luz no es importante, sino el camino que ilumina. Caminemos pues. No les demos el gusto de abandonar en la cuneta. Iluminado 2010 para todos!!!

Foto: Estación de ferrocarril "Plaza Constitución" en 1900. Buenos Aires. Argentina.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Textual II: Yo fui un niño soldado


Libro: Yo fui un niño soldado-Lucien Badjoko con la colaboración de Katia Clarens- Traducción de Marina Pino-Editorial entreLibros-Barcelona-2005-Título original: J`étais enfant soldat.

Todavía no había cumplido los 12 años Lucien Bajoko cuando se alistó en las milicias rebeldes comandadas por Laurent Desiré Kabila, en su lucha contra las fuerzas regulares del ejército zaireño, defensoras del dictador Mobutu Sese Seko. Mobutu, jefe del ejército tras la independencia del Congo en 1960 y durante el gobierno de Patrice Lumumba, intrigó y manejó los hilos de la política congoleña hasta que en 1965 se instaló personalmente en el poder. Su sangrienta dictadura se prolongó más de 30 años.
El 6 de abril de 1994 fracciones tutsis asesinaron al presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana. Fue el principal hecho que desencadenó las matanzas de la etnia tutsi a manos de la hutu, en ese país y en Burundi. El genocidio provocó una ola de desplazados que desestabilizaron la región. Los hutus se refugiaron en Congo. A partir de entonces miles de tutsis se sumaron a la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo y, en 1996, a la vez que luchaban para derrocar al dictador Mobutu, masacraban a los refugiados hutus. Niños de 10, 11 y 12 años (kagodos) formaban batallones de ese ejército: carne de machete. Precoces asesinos o presas débiles, solo algunos, con mucha fortuna, escaparían de esa frenética fiesta de sangre, tremendamente mutilados, sin futuro y sin haber empezado a vivir. Lucien Bajoko es una excepción y lo puede contar.
El 17 de mayo de 1997 los rebeldes entraron en Kinshasa (Badjoko con ellos) y Kabila se autoproclamó presidente de la República Democrática del Congo. Sin embargo las matanzas como consecuencia de las venganzas étnicas y los intereses de gobiernos vecinos (Uganda; Ruanda) por el comercio clandestino, la posesión de tierras y recursos naturales o por el poder que permite el usufructo de la corrupción, nunca se detuvieron. El conflicto del Congo es endémico y recrudece con enfrentamientos puntuales de forma cíclica, cada dos años: en 2001, tras la muerte de Kabila; en 2003, cuando dos etnias rivales, hema y lendu, apoyadas por Ruanda y Uganda, usaron el Congo como campo de batalla, o en 2005 y 2007, cuando los desmovilizados de la guerra, descontrolados, provocaron disturbios y asesinatos masivos en Kinshasa y otras ciudades del norte y este del país. Situación que se prolonga en la actualidad, época de inestabilidad e inseguridad, a pesar de las fuerzas de paz que apenas maquillan la violencia permanente que se respira cada día.
Katia Clarens, periodista, conoció a Badjoko en Kinshasa, en febrero de 2003, en la Oficina Nacional de Desmovilización y Reinserción (BUNADER). Lucien le dijo que había escrito un diario de su (breve) vida. Le envió a París, poco tiempo después, unas 15 páginas. Katia viajó a Kinshasa, con el proyecto de un libro y el interés de la editorial Plon. Tras varias entrevistas se consumó esta obra testimonial.
Lucien Badjoko vive actualmente en Kinshasa y está acabando su carrera de derecho; sus estudios los pagó, en parte, con el dinero obtenido por el copyright del libro.
Katia Clarens, periodista del diario francés Le Figaro, hace reportajes diversos. En agosto de 2009 publicó una serie de artículos sobre la Ruta de los Vinos de la Ribeira Sacra, en Galicia.

(...) “El 15 de marzo de 1997 tomamos Kisangani. Yo había conseguido por fin un buen uniforme de la FAZ (Fuerzas Armadas Zaireñas); me iba un poco grande, es verdad, pero con un pequeño arreglo quedaría perfecto. Lo encontré en una casa donde su dueño lo había abandonado antes de darse a la fuga.
Desde su exilio europeo, el viejo Mobutu debía sin duda empezar a darse cuenta de quiénes éramos...Una fuerza invencible. Pensé en las declaraciones del Primer Ministro, Kengo Wa Dondo, quien aseguraba dos días antes que Kisangani no caería pero, gracias a la radio, estábamos informados de cómo iban las cosas realmente. Pensé también en aquel político francés –el Secretario de Estado para la Acción Humanitaria Urgente, Xavier Emmanuelli- que a principios de semana había dicho que la ciudad no parecía estar a punto de caer. Una voz gritó en mi: ‘¿Vuestras sorpresas no han acabado aún!¡Hemos tomado Kisangani y pronto caerá la capital!¡Vamos a liberar el país!¡Tendréis que haceros a la idea!´.
Después de la toma de Kisangani, sólo había un nombre en nuestros labios: Kinshasa, la ciudad luz.
-Después de mí, el diluvio- decía sin parar el mariscal Mobutu.
Después de él, tendría que contar con la AFDL (Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación) y con el pueblo liberado. Los cuadros tutsis acosaban sin descanso a los hutus. Algunos días después de la victoria de Kisangani, durante la operación de limpieza que efectuamos en los alrededores de la ciudad, entramos en un pueblo, feudo hutu, en el que había mujeres, niños y algunos ancianos, sin duda familiares de los combatientes; también había jóvenes enfermos o heridos. Todos se habían refugiado en la iglesia, donde los encontramos tumbados en el suelo y sin armas. Un comandante tutsi nos ordenó que los sacáramos: iban a ejecutarlos. Cuando salieron a la plaza, su odio se desencadenó y las hojas de las bayonetas fueron hundiéndose en los cuerpos por todas partes; las mujeres no se libraron, ni los niños. Fue entonces cuando ví aquella abominable escena: uno de nuestros comandantes había cogido a un bebé pequeño, no tendría más de un año y, antes de que siquiera me diera tiempo a comprender lo que pasaba, lo estrelló contra el muro de la iglesia. El niño sangraba y gritaba, parecía descoyuntado, pero el hombre lo cogió por una pierna, lo hizo girar y volvió a estrellarlo, y siguió haciéndolo hasta que el niño dejó de gritar...estaba muerto. En la plaza continuaban la tortura y la matanza de gente. Estaba horrorizado, pero sabía que si apreciaba mi vida no debía decir nada, mas ¿quién me liberaría de aquellas ganas de vomitar? Los que no habían muerto fueron reunidos en la plaza. A nosotros nos pidieron que nos fuéramos, así que solo quedó una pequeña `patrulla´ para vigilarlos. Sabía que ninguna de aquellas personas saldría de allí con vida: los hutus no podían entrar en nuestras filas como los demás prisioneros de guerra, dado que los tutsis no querían. Éstos ejecutaban a cuantos se encontraban en su camino, aunque en el fondo sólo estaban saldando cuentas: los hutus habían intentado exterminarlo y la hora de la venganza había sonado...no habría piedad.
Aquel día comenzaron mis pesadillas, sistemáticas y angustiosas, en las que tiros y gritos me despertaban de golpe y me acorralaban...Tenía miedo.” (...)

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Textual: Oíd, alemanes...



Libro:Oíd, Alemanes-Thomas Mann-Discursos radiofónicos contra Hitler-Ediciones Península, Barcelona -2004. Título original: Deustche hörer.

En 1940 la British Broadcasting Corp. le pidió al escritor alemán Thomas Mann que dirigiera comentarios radiales de cinco minutos (luego se alargaron a ocho) a sus compatriotas sobre los sucesos europeos de la Segunda Guerra Mundial y que tratara de influir en ellos para crear una opinión colectiva contraria a Hitler y al nazismo. Las emisiones se realizaban por onda corta desde Londres. Mann vivía en Estados Unidos. Debieron montar una compleja solución para que su voz llegara a Alemania. El escritor grababa sus intervenciones en el Recording Departament de la NBC en Los Angeles, donde se imprimía un disco. Ese disco era trasladado a Nueva York y su contenido era trasmitido por teléfono a Londres, donde se registraba en otro disco, que finalmente se emitía.
Este es un párrafo de una emisión especial que se difundió varias veces durante abril de 1942, cuando los bombardeos constantes de las fuerzas aéreas aliadas y alemana pulverizaban las ciudades europeas.

"Radioyentes alemanes: hace un año que tuvo lugar la destrucción de Coventry por los aviadores de Goering, una de las acciones más espeluznantes con que la Alemania de Hitler enseñó al mundo lo que es la guerra total, y cómo se comporta uno en ella. Empezó en España, donde los maquinistas de la muerte, esos monstruos educados según los moldes nacionalsocialistas, de rostros vacíos y deshumanizados, se ejercitaron para la guerra. ¡Qué magnífico deporte ametrallar en vuelo rasante, sin encontrar la menor defensa antiaérea, a las muchedumbres de civiles fugitivos, de porte fresco y alegre! El recuerdo de las matanzas de Polonia es también imborrable: un verdadero timbre de gloria. Y Rotterdam, donde, en veinte minutos, 30.000 seres humanos encontraron la muerte gracias a la bravura que no es fácil de distinguir de la locura moral. El barón Von Ribbentrop, tapándose la cara, sollozó: `No queríamos eso´. Buenos tiempos aquellos en que únicamente se sollozaba por lo que se hacía a los otros. Ahora llega el momento, ya está ahí, en que Alemania tiene que sollozar por lo que sufre en carne propia; y cada vez tendrá más motivos para sollozar a medida que aumenta su esfuerzo defensivo un mundo que no quería saber nada de tal género de servicio a la humanidad y que no estaba preparado para ello, pero que ya ha dejado de ser aprendiz y ahora va aventajando al maestro. ¿Por ventura creía Alemania que nunca tendría que pagar por los crímenes que le permitía cometer su espíritu de barbarie? Apenas ha empezado a pagarlos, sobre el Canal (de la Mancha) y en Rusia. La Royal Air Force ha visitado, asimismo, hasta hoy, Colonia, Düsseldorf, Essen, Hamburgo y otras ciudades; y se trata, tan solo, del comienzo. Hitler se jacta de que su Reich está preparado para una guerra de diez o de veinte años. Pienso que vosotros, alemanes, os imagináis que también tendríais que pagar vuestra parte en ese caso; por ejemplo, el que al cabo de cierto tiempo no quedase en vuestra patria piedra sobre piedra.
En el más reciente raid británico sobre Nazilandia ha sufrido estragos la vieja Lübeck. Esto es cosa que me afecta muy directamente por tratarse de mi ciudad natal. Los ataques iban dirigidos contra el puerto y los establecimientos industriales, pero también se produjeron incendios en la ciudad y no me ha causado el menor placer considerar que la iglesia de Santa María, la renacentista y maravillosa Casa del Consejo o la casa del gremio de mareantes han debido de sufrir daños. Mas pienso en Coventry; y entonces no tengo nada que objetar a la tesis de que todo hay que pagarlo. Habrá otros hombres de Lübeck, como de Hamburgo, Düsseldorf y Colonia, que nada tendrán tampoco que objetar y que, cuando oigan el zumbar de los aviones ingleses sobre sus cabezas, les desearán buena suerte" (...)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Transformaciones: "Tupas"


Hace 40 años se vivía en otro mundo. Latinoamérica era otro mundo. Los jóvenes se encendían contra injusticias y desigualdades sociales, se rebelaban ante costumbres retrógradas, religiones y estados represivos y antiguas opresiones enquistadas. Reclamaban un cambio urgente: la Revolución al día siguiente. No sin cierta ingenuidad, algunos la buscaban por las buenas, a través de movimientos pacifistas, manifestaciones artísticas, provocaciones...; otros, con otra ingenuidad más peligrosa, luchaban violentamente en organizaciones armadas para tomar el poder y cambiarlo todo. Todos contra el sistema. Sin medir consecuencias, fiándose de cualquier aliado y sin conocer el poder del enemigo.
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Uruguay, 8 de octubre de 1969 a las 10 de la mañana. Se inicia la “Operación Pando”. Un comando del grupo guerrillero Movimiento de Liberación Nacional (MLN) “Tupamaros”, fundado siete años antes por el líder campesino Raúl Sendic, pone en marcha una de sus acciones más ambiciosas, la toma de la ciudad de Pando, una población industrial pequeña, a 32 kilómetros al noreste de la capital, Montevideo. Es una demostración de fuerza del grupo armado ante el gobierno del presidente Jorge Pacheco Areco; un homenaje a Ernesto Guevara, ejecutado en Bolivia dos años antes, y una forma de sumar divisas a sus arcas asaltando tres bancos de la localidad.
“La Operación comprende seis objetivos: comisaría, cuartelillo de bomberos, central telefónica y bancos República, de Pan de Azúcar y de Pando. Intervendrán 49 compañeros, distribuidos en seis equipos y un coordinador” (...) dice un viejo documento tupamaro, en el que se detalla el operativo, en el que se dan nombres: uno de esos 49 era José Alberto Mujica Cordano, elegido presidente de la República Oriental del Uruguay en noviembre de 2009.
El operativo tiene todos los contenidos de la tragedia romántica que se vivía en aquellos años, con una pasión ilimitada por las reivindicaciones, la dignidad, el odio a los opresores y el amor a los aliados ideológicos identificados con la utopía común. Odios y amores ciegos y desmedidos que muchas veces equivocaban las relaciones y permitían que esa fuerza pasional fuera desviada para ser utilizada con otros fines. Los planes, la logística parecen artesanales frente a lo que llegó después.
Aquel día el grupo de guerrilleros se organizó simulando un cortejo fúnebre que se dirigía a Pando por la ruta 8 a enterrar a un muerto repatriado de Buenos Aires. Solo el coordinador debía ir en moto “por la velocidad, agilidad y capacidad de maniobra que le posibilitará meterse por la vereda a contramano”. Sin embargo el grupo fue incapaz de conseguir una moto para el coordinador antes del operativo. De prisa, intentaron, ya con la operación en marcha, conseguir el vehículo. Quisieron “obtenerlo” en Montevideo, pero fallaron. Desesperados y tras deambular por la ciudad le pidieron un Peugeot a una mujer, pero ésta se negó a dárselo. La amenazaron y accedió. Tras volar por la ruta, a punto de atropellar a un niño y sortear un control caminero, el coordinador llegó a Pando a las 13.03. El operativo había empezado 7 minutos antes. En la comisaría se escuchó un tiroteo; el resto de equipos guerrilleros estaba a la expectativa. La gente comenzó a aglomerarse en las calles. Cuatro policías, confundidos entre la gente, huyeron hacia el edificio del Control de Ómnibus. Todos los miembros del grupo de asalto se colocaron sus brazaletes de identificación del MLN. Uno de sus coches se dirigió hacia el banco de la República y un guerrillero agitó un pañuelo por la ventanilla dando la señal: la sede policial había sido tomada. En la comisaría los policías fueron atados con alambre y el que los ataba les “bajaba línea” sobre el movimiento y su lucha contra la injusticia. Uno de los hombres que iban a atar, en un hilo de voz, dice ‘soy el preso’¿Y vos qué hiciste?. Carnee una vaquita. Era un carnicero de la localidad de Canelones, con inclinaciones cuatreras. Tiempo después colgó los alambres “históricos” en su carnicería, como atracción publicitaria. Mientras tanto el equipo que debía tomar el cuartelillo de bomberos se enfrentaba a otra reacción insólita. ¡Arriba las manos! Gritaron al entrar, pero los bomberos, que habían trabajado en un incendio toda la noche, estaban dormidos y no atinaban a nada. Uno de ellos, obeso, estaba meando en el baño y no pudo levantar las manos. Hubo que esperar a que acabara para evacuarlo con el resto de bomberos dormidos. En los tres bancos las cosas les fue bien: los atracos fueron fructíferos y sin complicaciones. El equipo que tomó la Central Telefónica tuvo un problema:”como no se ha contado con asesoramiento técnico, se desconoce cuáles son los elementos mecánicos clave para inutilizar la central, entonces se resuelve cortar los cables de entrada y salida de comunicaciones que están en la azotea y cuanto cable se encuentre en el local”.
A las 13.20 el equipo entero inicia la fuga programada: un furgón mortuorio y cinco coches acompañantes de la funeraria inician un convoy por la ruta 84 de regreso a Montevideo. Logran sortear un control policial, pero pasados 26 kilómetros, en un enfrentamiento con la policía son muertos 3 tupamaros y detenidos otros 18, muchos de ellos torturados posteriormente en dependencias de la Guardia Metropolitana.
En la toma resultó muerto también un civil, Carlos Burgueño y herido el sargento de la policía Enrique Fernández Díaz.
La repercusión del copamiento fue notable en Uruguay y provocó gran conmoción en el resto de Latinoamérica. El MLN Tupamaros aumentó su imagen romántica, de guerrilleros urbanos, atrevidos y audaces en busca de la justicia social ante los representantes internos y externos del capitalismo represor.
Después de golpes de estado, desapariciones, exilios, cárcel, amnesias, torturas, asesinatos, regresos, reencuentros, memoria, los tupamaros supervivientes seguían celebrando cada año la Toma de Pando.
Pero el 8 de octubre de 2009, cuando se cumplían 40 años del copamiento y faltaban algunas semanas para la segunda vuelta de las elecciones generales, en las que el candidato José Mujica se jugaba la presidencia de la Nación, no hubo festejo.

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"No estábamos solos, sino que un gran sector popular nos dio aliento en aquella década del 60 tan convulsionada... La iniciativa nuestra de dar un paso adelante en las luchas sociales fue después de tipo militar, desde el momento en que los militares atacaron las manifestaciones populares con gran saldo de muertos y después invadieron todas las instituciones (...)"
Raúl Sendic, fundador y líder del MLN Tupamaros, en Montevideo, el 28 de marzo de 1988, un año antes de su muerte.


Foto: Marcha de protesta de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), organización sindical agraria que fuera embrión del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Milagros económicos VII: Latinoamérica en la "década perdida"


La inestabilidad política y económica ha sido una característica de los países latinoamericanos desde sus procesos de independencia, durante el siglo XIX, hasta la actualidad.
El siglo que transcurrió entre 1880 y 1980 fue una progresiva, intensa e inclaudicable lucha de los Estados Unidos (Estado y empresas) por penetrar en los territorios del centro y sur de América con la intención de explorar y obtener buena parte de sus riquezas naturales y humanas, controlar sus movimientos políticos, económicos y sociales y exportar su cultura. Los gobiernos y empresas estadounidenses y también las europeas contaron para esa empresa con el invalorable apoyo de sectores nacionales de gran poder económico y político que crearon las condiciones más favorables para las inversiones externas, en perjuicio de las economías nacionales y mediante altas cotas de corrupción.
La década de los ochenta del siglo XX, equivocadamente llamada "la década perdida", por primera vez en cien años, supuso un éxito absoluto a la política exterior latinoamericana de los Estados Unidos sin promover golpes de estado, a excepción del conflicto de Cuba y la intervención en la "caldera Centroamericana".
Las décadas anteriores se había impuesto la fuerza sobre la razón. La más cruda aplicación de la Ley de Seguridad Nacional, interpretada por camadas de oficiales latinoamericanos distinguidos en el estudio de la lucha contrainsurgente, por la elaboración de precarios modelos autoritarios de poder, eficaces en la limpieza ideológica de la sociedad, a través de los métodos más cruentos y horrorosos y en la adopción de medidas económicas favorables al establishment.
La batalla de los ochenta se libró, sin embargo en otros campos. Altos mandos militares, desquiciados por el poder, resultaron una inútil sobrecarga para los planes estadounidenses. Las dictaduras dejaron naciones diezmadas económica y socialmente. Además de las fugas de capital y la erosión moral y ética, se produjo la descapitalización humana: emigraron millones de latinoamericanos, muchos de ellos profesionales de gran valía. En ese páramo latinoamericano, en el que sólo subsistieron los representantes de las ex oligarquías agrícola ganaderas de antaño, hoy reconvertidas a las prácticas financieras, se gestó el modelo blanco. Su estructura sencilla permitió la aplicación rápida y efectiva en campo abonado. Democracia y Economía de Mercado, era la fórmula del nuevo modelo neoliberal. El advenimiento de las democracias formales en América Latina, la mayoría de ellas nacidas con graves defectos de forma y de fondo, fueron legitimadas con un gesto inconfundible: el ex Secretario de Estado estadounidense, James Baker, garantizó a los presidentes democráticos, que "no habrá un sólo dólar más para financiar golpes de Estado en la región; y si éstos se producen sin nuestro conocimiento, aseguro su aislamiento para abortarlo inmediatamente". La contrapartida era la promesa de implantación y progresivo avance aperturista de las áreas económicas controladas por el Estado (privatizaciones), liberalización gradual del mercado exterior, la aceptación de rígidos planes de estabilización que permitieran invertir la tendencia de los índices macroeconómicos y el cumplimiento del pago con los deudores externos.
La democracia se constituyó entonces para los latinoamericanos en la legalidad como un seguro de vida, después de tantos años de ley del Talión a cargo del terrorismo de Estado. La economía de mercado era la esperanza para la región de "alcanzar el último tren del desarrollo".
Todos los gobiernos instaurados a finales de los años ochenta en la mayoría de los países latinoamericanos sea cual fuere su cartel ideológico pusieron en práctica el ajuste capitalista más salvaje que se recuerde en la región: desde la social democracia boliviana y venezolana, a los liberalismos brasileños, colombianos, chilenos, el llamado "peronismo" argentino; el "priismo" mexicano y los gobiernos conservadores de Centroamérica surgidos de la pacificación de la región.
El ajuste registrado en Latinoamérica durante los años 80 se ha basado en una receta muy precisa: la transferencia externa de recursos; programas fiscales contractivos; la potenciación de las exportaciones; la liberalización de los mercados internos con rebajas sustanciales de aranceles y aunque en muchos países los resultados se encaminaron hacia la rebaja de los índices inflacionarios y a una cierta estabilidad (denominada "milagro"), los costos sociales pusieron en entredicho la efectividad del proceso referida al mejoramiento del bienestar general de las poblaciones, a excepción de reducidos grupos productivos y financieros que se vieron beneficiados por el ajuste.
Chile comenzó a aplicar su ajuste durante la dictadura del general Pinochet, a finales de los setenta. Fue un proceso prolongado, al igual que los generados en Bolivia y México a mediados de los ochenta. En Chile el efecto directo fue el mantenimiento de tasas de desempleo muy elevadas (alcanzaron el 35 por ciento de la población activa) durante el período 1976 - 1988 y del 27 por ciento entre 1988 y 1992. En Bolivia una dramática y acelerada reconversión de la industria y el desempleo masivo que provocó la práctica desaparición del sector minero y metalúrgico boliviano, donde se produjo el despido del 80 por ciento de los trabajadores de esas áreas económicas. En México y Argentina la caída del salario real fue de un 25 y un 30 por ciento entre 1980 y 1990, mientras que en Perú y Venezuela el descenso de esa cifra fue del 50 por ciento. Los rigurosos planes de austeridad y contención del gasto público se tradujeron en todos los países del área en una reducción del gasto social per cápita (salud y educación preferentemente) de un 20 por ciento, como cifra promedio.
La etiqueta de "milagros" latinoamericanos se aplicó a los resultados macroeconómicos de esos ajustes duros y prolongados que afectaron, preferentemente, a los sectores socialmente desfavorecidos: vale decir, bajo nivel inflacionario (para países que en muchos casos sufrieron cotas de hiperinflación absolutamente desequilibrantes durante los años ochenta), alza de las exportaciones, crecimiento positivo y reducción del déficit público. Sin embargo los beneficiados por estas nuevas condiciones que tienden a la concentración de bienes y capitales en lugar de su redistribución equitativa entre los diversos sectores sociales, son minorías que han quedado integradas en un circuito productivo reducido al que no tienen acceso las grandes mayorías. Un alto porcentaje de la población disponía de trabajos precarios, sin coberturas sociales; vivía en estado de pobreza marginal o vinculada a un importante circuito de economía informal como único camino hacia la supervivencia.


Foto: Vista de una favela en la ladera de un morro, en Río de Janeiro. Agencia bk.