miércoles, 2 de diciembre de 2009

Transformaciones: "Tupas"


Hace 40 años se vivía en otro mundo. Latinoamérica era otro mundo. Los jóvenes se encendían contra injusticias y desigualdades sociales, se rebelaban ante costumbres retrógradas, religiones y estados represivos y antiguas opresiones enquistadas. Reclamaban un cambio urgente: la Revolución al día siguiente. No sin cierta ingenuidad, algunos la buscaban por las buenas, a través de movimientos pacifistas, manifestaciones artísticas, provocaciones...; otros, con otra ingenuidad más peligrosa, luchaban violentamente en organizaciones armadas para tomar el poder y cambiarlo todo. Todos contra el sistema. Sin medir consecuencias, fiándose de cualquier aliado y sin conocer el poder del enemigo.
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Uruguay, 8 de octubre de 1969 a las 10 de la mañana. Se inicia la “Operación Pando”. Un comando del grupo guerrillero Movimiento de Liberación Nacional (MLN) “Tupamaros”, fundado siete años antes por el líder campesino Raúl Sendic, pone en marcha una de sus acciones más ambiciosas, la toma de la ciudad de Pando, una población industrial pequeña, a 32 kilómetros al noreste de la capital, Montevideo. Es una demostración de fuerza del grupo armado ante el gobierno del presidente Jorge Pacheco Areco; un homenaje a Ernesto Guevara, ejecutado en Bolivia dos años antes, y una forma de sumar divisas a sus arcas asaltando tres bancos de la localidad.
“La Operación comprende seis objetivos: comisaría, cuartelillo de bomberos, central telefónica y bancos República, de Pan de Azúcar y de Pando. Intervendrán 49 compañeros, distribuidos en seis equipos y un coordinador” (...) dice un viejo documento tupamaro, en el que se detalla el operativo, en el que se dan nombres: uno de esos 49 era José Alberto Mujica Cordano, elegido presidente de la República Oriental del Uruguay en noviembre de 2009.
El operativo tiene todos los contenidos de la tragedia romántica que se vivía en aquellos años, con una pasión ilimitada por las reivindicaciones, la dignidad, el odio a los opresores y el amor a los aliados ideológicos identificados con la utopía común. Odios y amores ciegos y desmedidos que muchas veces equivocaban las relaciones y permitían que esa fuerza pasional fuera desviada para ser utilizada con otros fines. Los planes, la logística parecen artesanales frente a lo que llegó después.
Aquel día el grupo de guerrilleros se organizó simulando un cortejo fúnebre que se dirigía a Pando por la ruta 8 a enterrar a un muerto repatriado de Buenos Aires. Solo el coordinador debía ir en moto “por la velocidad, agilidad y capacidad de maniobra que le posibilitará meterse por la vereda a contramano”. Sin embargo el grupo fue incapaz de conseguir una moto para el coordinador antes del operativo. De prisa, intentaron, ya con la operación en marcha, conseguir el vehículo. Quisieron “obtenerlo” en Montevideo, pero fallaron. Desesperados y tras deambular por la ciudad le pidieron un Peugeot a una mujer, pero ésta se negó a dárselo. La amenazaron y accedió. Tras volar por la ruta, a punto de atropellar a un niño y sortear un control caminero, el coordinador llegó a Pando a las 13.03. El operativo había empezado 7 minutos antes. En la comisaría se escuchó un tiroteo; el resto de equipos guerrilleros estaba a la expectativa. La gente comenzó a aglomerarse en las calles. Cuatro policías, confundidos entre la gente, huyeron hacia el edificio del Control de Ómnibus. Todos los miembros del grupo de asalto se colocaron sus brazaletes de identificación del MLN. Uno de sus coches se dirigió hacia el banco de la República y un guerrillero agitó un pañuelo por la ventanilla dando la señal: la sede policial había sido tomada. En la comisaría los policías fueron atados con alambre y el que los ataba les “bajaba línea” sobre el movimiento y su lucha contra la injusticia. Uno de los hombres que iban a atar, en un hilo de voz, dice ‘soy el preso’¿Y vos qué hiciste?. Carnee una vaquita. Era un carnicero de la localidad de Canelones, con inclinaciones cuatreras. Tiempo después colgó los alambres “históricos” en su carnicería, como atracción publicitaria. Mientras tanto el equipo que debía tomar el cuartelillo de bomberos se enfrentaba a otra reacción insólita. ¡Arriba las manos! Gritaron al entrar, pero los bomberos, que habían trabajado en un incendio toda la noche, estaban dormidos y no atinaban a nada. Uno de ellos, obeso, estaba meando en el baño y no pudo levantar las manos. Hubo que esperar a que acabara para evacuarlo con el resto de bomberos dormidos. En los tres bancos las cosas les fue bien: los atracos fueron fructíferos y sin complicaciones. El equipo que tomó la Central Telefónica tuvo un problema:”como no se ha contado con asesoramiento técnico, se desconoce cuáles son los elementos mecánicos clave para inutilizar la central, entonces se resuelve cortar los cables de entrada y salida de comunicaciones que están en la azotea y cuanto cable se encuentre en el local”.
A las 13.20 el equipo entero inicia la fuga programada: un furgón mortuorio y cinco coches acompañantes de la funeraria inician un convoy por la ruta 84 de regreso a Montevideo. Logran sortear un control policial, pero pasados 26 kilómetros, en un enfrentamiento con la policía son muertos 3 tupamaros y detenidos otros 18, muchos de ellos torturados posteriormente en dependencias de la Guardia Metropolitana.
En la toma resultó muerto también un civil, Carlos Burgueño y herido el sargento de la policía Enrique Fernández Díaz.
La repercusión del copamiento fue notable en Uruguay y provocó gran conmoción en el resto de Latinoamérica. El MLN Tupamaros aumentó su imagen romántica, de guerrilleros urbanos, atrevidos y audaces en busca de la justicia social ante los representantes internos y externos del capitalismo represor.
Después de golpes de estado, desapariciones, exilios, cárcel, amnesias, torturas, asesinatos, regresos, reencuentros, memoria, los tupamaros supervivientes seguían celebrando cada año la Toma de Pando.
Pero el 8 de octubre de 2009, cuando se cumplían 40 años del copamiento y faltaban algunas semanas para la segunda vuelta de las elecciones generales, en las que el candidato José Mujica se jugaba la presidencia de la Nación, no hubo festejo.

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"No estábamos solos, sino que un gran sector popular nos dio aliento en aquella década del 60 tan convulsionada... La iniciativa nuestra de dar un paso adelante en las luchas sociales fue después de tipo militar, desde el momento en que los militares atacaron las manifestaciones populares con gran saldo de muertos y después invadieron todas las instituciones (...)"
Raúl Sendic, fundador y líder del MLN Tupamaros, en Montevideo, el 28 de marzo de 1988, un año antes de su muerte.


Foto: Marcha de protesta de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), organización sindical agraria que fuera embrión del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.